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Este post SOLO va dedicado a las víctimas del terrorismo; para la otra parte decir que “no hay mayor desprecio que no hacer aprecio”.
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El jueves 8 de mayo de 2008, a las 20,00 tuvo lugar en el salón de actos de la sede del Partido Aragonés en Zaragoza una charla sobre” Historia de la lengua aragonesa y de sus modalidades en la zona oriental de Aragón”. La charla estuvo dirigida por Julián Naval y Ector Castro. En ella nos dieron a conocer la situación que pasan las lenguas autóctonas de la parte oriental de Aragón, sus rasgos y su historia. En mi caso más que dar a conocer fue un repaso pues Ector ya me ha transmitido la situación más de una vez, dándome qué pensar y en lo que reflexionar.
La lenguas del Aragón Oriental son lenguas resultantes de años y años de desglosamiento del latín y la criollidad con otras. Son lenguas romances que hacían que se entiesen los unos con los otros. En aquel entonces en Ribagorza- Pallars hablaban una lengua que entendían sus vecinos y que no tenía nacionalidad pues la única entidad que surgió para juntar a esos valles o esos condados fue la monarquía aragonesa quien posteriormente se añadió el condado de Barcelona( que no Cataluña) y demás condados.
Recordemos que la primera referencia al término de catalán se puede encontrar en el 1115 en el Liter Maililichinus en donde no se especifica si los llama así porque eran godos (Gothlandia) como lo fue toda la península o porque los musulmanes de origen no godo los llamaban “asesinos”. El hecho es que la supuesta lengua romance( digo así porque la diferenciación no es tan marcada entre sí) reconocida y apoyada el estado español (que no por Aragón, al menos todavía) bajo el nombre de ” catalán surge a ambos lados de los Pirineos (condados del Rosellón, Ampurias, Besalú, la Cerdaña, Urgell, Pallars y Ribagorza) y se extendió hacia el sur durante la Reconquista en varias fases: Barcelona y Tarragona, Lérida y Tortosa, el antiguo Reino de Valencia, las Islas Baleares y Alguer”( véase wikipedia), por lo que antes surge antes en Aragón que en la moderna Cataluña. Pues bien, así como valencianos han hablado de que no es catalán sino valenciano, los aragoneses tenemos el derecho de ser justos y por ello defender lo que es la verdad y es que en Aragón se hablaron dos lenguas romances: una de influencia navarrovasca, véase el altoaragonés o aragonés no muy diferenciada de la segunda pero de uso gracias a las relaciones con los navarros; y otra que ya se hablaba en Ribagorza-Pallars y que tomó mayor relevancia cuando Aragón empezó a mirar hacia el Mediterráneo y que pedió su flujo al igual que el altoaragonés con la llegada del castellano. Por lo que, al menos en el Aragón Oriental, lo que se habla NO SON LENGUAS CATALANAS SINO ARAGONESAS porque el concepto de Cataluña dueña de una lengua es posterior y el concepto ideado por dos valencianos de Països Catalans es una aberración como lo es el concepto de Confederación Catalana creada a partir de “animales políticos” en busca de diferenciación. Lo aún peor es que hay personas que ya se lo han tragado e incluso personas que desvían o colaboran para borrar esa parte de nuestro patrimonio como la que ya borraron historiadores catalanes para poder ensalzar su nación con un trapo de tela.
El hecho es que el Gobierno de Cataluña no sólo juega a destrozarnos entre nosotros mismos por el agua o los bienes de la Iglesia sino que disfruta incluso quitándonos nuestro patrimonio desde hace más de un siglo con su movimiento romántico otorgándose una lengua, una nación y un ¿fürer). La verdad es que los jerarcas catalanes deberían de estar contentos con su situación real y no con la que se quieren pintar. En honor a la verdad a nosotros no hace falta inventar, pues lo que nos caracteriza es el derecho, de siempre. El Aragón Oriental nunca será la Franja del Ponient, ni lingüísticamente ni culturalmente ni territorialmente pues más hay para pensar en el Mediteráneo.
No es un tema en el que debamos de permitir que se pierda pues estaremos condenados a desfragmentar lo que nos ha unido como pueblo y “la cultura es lo que, en la muerte, continúa siendo la vida”.
Una vez más habrá que volver a sacar del desván nuestra vieja espada, desempolvar nuestro escudo y vestirnos con cota de malla a salir a guerrear como antaño pues “la tradición no se hereda, se conquista”.